lunes, 7 de enero de 2013

Jorge Enrique Adoum


El ensayo “Ecuador: Señales particulares” de Jorge Enrique Adoum presenta variantes sobre la identidad y las razones por las cuales los ecuatorianos somos o decimos que somos ecuatorianos.
Inicia con humor negro o sarcasmos, para mi parecer. Con afirmaciones o paradigmas que mencionan o hacen referencia a que:  “Lo ecuatoriano no existe” y que lo único que tenemos en común es el territorio “No hay nada que nos une o que nos identifique además de un territorio en común”.
Además cita que “No hay ningún nosotros” que la variedad de culturas, etnias e ideologías no es más que otro aspecto que diluye la identidad ecuatoriana. En estas afirmaciones, no hace un juicio de valor, ni presenta posturas drásticas, sino que dice las cosas francas para demostrar que existe una identidad  en común y que los que necesitamos es abrir los ojos y entender que los ecuatorianos tenemos mucho en común y que lo único que necesitamos es aceptarlo.
Hace mucha referencia a las características históricas de nuestro país, menciona  que:  “La poca historia que nos identificaba se ha desvanecido”, y que la máxima manera de comprobarlo es analizando la política actual, quien la demuestra sin esfuerzos. Además hace hincapié en que el “Alma colectiva” cada vez es menor y que los regionalismos y los problemas internos no son más que teatros de profundos desencuentros que fortalecen esa brecha entre ecuatorianos y ecuatorianos.
Dentro de sus varias frases menciona que nuestra identidad “Es aquello de lo que siempre queremos huir” que para muchos ser ecuatoriano no significa nada y que la sociedad es  algo que todos lo condenanos pero que interiormente la practican. “La identidad y fracaso” es otra variante que pretende criticar. Pensar que la identidad es algo sencillo y fácil de construir, es otra farsa que como sujetos que convivimos en una sociedad deberíamos entender. “La identidad no es un tatuaje que no nos podemos borrar”, la identidad más aun de un país es un proceso continuo en el que todos quienes nos consideramos ecuatorianos debemos fomentar. La cultura y la historia no son los únicos ejes de la identidad, el nacionalismo y el amor interno que forjamos y trasmitimos es una forma de aportar hace ese gran “sello Ecuatoriano”.
Un paréntesis dentro del análisis de este libro es el “desprecio a la política” que se maneja, a mi criterio en la mayoría de su contenido, desde su análisis de la absurda política que se ha venido manejando en toda  nuestra  historia y hasta llegar a la repudiable política actual.
Dentro del contexto histórico de las culturas cita que “No existen culturas puras” y que Ecuador es un claro ejemplo de eso, cita que según Bolívar los ecuatorianos no somos ni español ni indio. Resume que la actualidad de las diversas sociedades mundiales es una mezcla interesante de culturas que gracias a la migración se fueron produciendo.
En cuanto a la historia de la independencia cita que “somos tan jóvenes que parece difícil acostumbrarse a nosotros mismos” y que en estos 170 de Republica no hemos sido capaces de forja una cultura nacionalista que sea capaz de defender por si solo una soberanía de verdad. Acotando que ni los maestros de escuela saben la historia de nuestra pátria.
Además hace un comentario o sarcasmos (por así decirlo) que como podemos pedir identidad, si el mismo nombre de nuestro país NO nos representa en su totalidad. Que Ecuador es un nombre que los científicos extranjeros utilizaron para calificar  nuestra situación geográfica, que si fuera por historia propia deberíamos llamarnos ”Republica de Quito” y que por no entrar en conflicto  con Guayaquil o Cuenca se busco un nombre intermedio, será drástico decir que desde esa época el regionalismo era hincapié de disputas políticas.
Mencionó que algo que en los jóvenes y en generaciones anteriores promovió ese amor por la patria fueron  los sucesos bélicos con el vecino país Perú, el hecho de poder ser invadidos (versión local) sirvió para que despertara ese nacionalismo que faltaba y falta. Lo lamentable es que ese animo de unión, duró lo mismo o menos que las intenciones políticas de buscar esa integración ecuatoriana.
“Creo en un país” es uno de los tópicos finales del libro donde presenta pautas de que el  como artista y ecuatoriano buscar o desea. “Creo en un país donde el joven sea respetado como el adulto y la mujer como el varón, el pobre como el rico, el indio el negro y el mestizo como el blanco es decir un país donde no hay más privilegios que para los niños” me quedo como conclusión con este párrafo en donde pone a consideraciones de sus lectores su visón de país y de cultural. El respeto a la multiculturalidad que tiene país y que para mi no solo es nuestra cultura sino nuestro tesoro.
Este libro no es solo la manera en que un ecuatoriano ve a otros ecuatorianos y el resumen de historia ecuatoriana o peor aún un análisis de la muy “establecida política ecuatoriana”, sino es una reflexión de un ecuatoriano que tuvo el valor de decirles a los ecuatorianos lo anti-ecuatoriano que somos. Esta reflexión lo llevo a investigar el porque de este hecho, recapitulando hechos históricos, sociales, económicos y lamentablemente políticos que nos llevaron a ser los que realmente somos.

Libro: Cien años de soledad


El libro narra la historia de la familia Buendía a lo largo de siete generaciones en el pueblo ficticio de Macondo.
José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán son un matrimonio de primos que se casaron llenos de presagios y temores por su parentesco y el mito existente en la región de que su descendencia podía tener cola de cerdo. En una pelea de gallos en la que resultó muerto el animal de Prudencio Aguilar, éste, enardecido por la derrota, le gritó a José Arcadio Buendía, dueño del vencedor: "A ver si ese gallo le hace el favor a tu mujer", ya que la gente del pueblo sospechaba que José Arcadio y Úrsula no habían tenido relaciones en un año de matrimonio (por el miedo de Úrsula de que la descendencia naciera con cola de cerdo). Así fue como José Arcadio Buendía reta en duelo a Prudencio, en el que, José Arcadio lo mata al atravesarle la garganta con una lanza. Sin embargo, su fantasma lo atormenta apareciéndose repetidas veces en su casa lavándose la herida mortal con un tapón de esparto. Así es como José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán deciden irse a la sierra. En medio del camino José Arcadio Buendía tiene un sueño en que se le aparecen construcciones con paredes de espejo y, preguntando su nombre, le responden "Macondo". Así, despierto del sueño, decide detener la caravana, hacer un claro en la selva y habitar ahí.
El pueblo es fundado por diversas familias conducidas por José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán, quienes tuvieron tres hijos: José Arcadio, Aureliano y Amaranta (nombres que se repetirán en las siguientes generaciones). José Arcadio Buendía, el fundador, es la persona que lidera e investiga con las novedades que traen los gitanos al pueblo (teniendo una amistad especial con Melquíades, quien muere en variadas ocasiones y que sería fundamental para el destino de la familia), y termina su vida atado al castaño hasta donde llega el fantasma de su antiguo enemigo Prudencio Aguilar, (al que le había dado muerte con una lanza en el cuello antes de fundar Macondo) con el que dialoga. Úrsula es la matriarca de la familia, quien vive durante más de cien años cuidando de la familia y del hogar.
El pueblo poco a poco va creciendo y con este crecimiento llegan habitantes del otro lado de la ciénaga.10 Con ellos se incrementa la actividad comercial y la construcción en Macondo. Inexplicablemente llega Rebeca, a quienes los Buendía adoptan como hija. Por desgracia, llegan también con ella la peste del insomnio y la peste del olvido causada por el insomnio. La pérdida de la memoria obliga a sus habitantes a crear un método para recordar las cosas y José Arcadio Buendia comienza a etiquetar todos los objetos para recordar sus nombres; no obstante, este método empieza a fallar cuando las personas también olvidan leer. Un día, regresa Melquíades de la muerte con una bebida para restablecer la memoria que surte efecto inmediatamente, y en agradecimiento es invitado a quedarse a vivir en la casa. En esos momentos escribe unos pergaminos que sólo podrían ser descifrados cien años después.
Cuando estalla la guerra civil, la población toma parte activa en el conflicto al enviar un ejército de resistencia dirigido por el coronel Aureliano Buendía (segundo hijo de José Arcadio Buendía), a luchar contra el régimen conservador. En el pueblo, mientras tanto, Arcadio (nieto del fundador e hijo de Pilar Ternera y José Arcadio, el primer hijo de José Arcadio Buendía) es designado por su tío jefe civil y militar, y se transforma en un brutal dictador, quien es fusilado cuando el conservadurismo retoma el poder.
La guerra continúa y el coronel Aureliano se salva de morir en varias oportunidades, hasta que, fatigado de luchar sin sentido, arregla un tratado de paz que durará hasta el fin de la novela. Después de que el tratado se firma, Aureliano se dispara en el pecho, pero sobrevive. Posteriormente, el coronel regresa a la casa, se aleja de la política y se dedica a fabricar pescaditos de oro encerrado en su taller, de donde sale solamente para venderlos.
Aureliano Triste, uno de los diecisiete hijos del coronel Aureliano Buendía, instala una fábrica de hielo en Macondo, deja a su hermano Aureliano Centeno al frente del negocio y se marcha del pueblo con la idea de traer el tren. Regresa al cabo de poco tiempo, cumpliendo con su misión, la cual genera un gran desarrollo, ya que con el tren, llegan también el telégrafo, el gramófono y el cine. Entonces el pueblo se convierte en un centro de actividad en la región, atrayendo a miles de personas de diversos lugares. Algunos extranjeros recién llegados empiezan una plantación de banano cerca de Macondo. El pueblo prospera hasta el surgimiento de una huelga en la plantación bananera; para acabar con ella, se hace presente el ejército nacional y los trabajadores que protestan son asesinados y arrojados al mar.
Después de la masacre de los trabajadores del banano, el pueblo es asediado por las lluvias que se prolongan por cuatro años, once meses y dos días. Úrsula dice que espera el final de las lluvias para finalmente morir. Nace Aureliano Babilonia, el último miembro de la línea Buendía (inicialmente referido como Aureliano Buendía, hasta que más adelante descubre por los pergaminos de Melquíades que su apellido paterno es Babilonia). Cuando las lluvias terminan, Úrsula muere y Macondo queda desolado.
La familia se ve reducida y en Macondo ya no se acuerdan de los Buendía; Aureliano se dedica a descifrar los pergaminos de Melquíades en el laboratorio, hasta que regresa de Bruselas su tía Amaranta Úrsula, con quien tiene un romance. De este, Amaranta Úrsula queda embarazada y tiene un niño que al nacer se descubre con cola de cerdo; ella muere desangrada después del parto. Aureliano Babilonia, desesperado, sale al pueblo llamando de puerta en puerta, pero Macondo ahora es un pueblo abandonado y solo encuentra a un cantinero que le ofrece aguardiente, quedándose dormido. Al despertar se acuerda del niño recién nacido y corre a buscarlo, pero a su llegada encuentra que se lo están comiendo las hormigas.
Aureliano recuerda que esto estaba predicho en los pergaminos de Melquíades. Con vientos huracanados asediando Macondo y el lugar en el que estaba presente, termina de descifrar la historia de los Buendía que ya estaba allí escrita con anticipación, encontrando que al terminar de leerlos, finalizaría su propia historia y con él, la historia de Macondo, el cual sería arrasado por el viento y borrado de cualquier memoria humana... "porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra".

Juan Montalvo



Su padre, don Marcos Montalvo, hijo de un inmigrante andaluz, se dedicaba a los negocios ambulantes. En Quinchicoto, cerca de Ambato, conoció a doña Isabel Villacreses de Fiallos, con quien se casó el 20 de enero de 1811.1 La pareja tras un tiempo se domicilió en Ambato, ciudad en la que don Marcos llegó a destacarse.2 Fallecidos ya algunos hermanos en la edad de la infancia, Juan se convirtió en el menor de los varones, y sus padres le procuraron mimos y cuidados.
Tuvo siete hermanos: Francisco, Francisco Javier, Mariano, Alegría, Rosa, Juana e Isabel. Su niñez transcurrió no sólo en su casa, sino también en la cercana quinta de Ficoa. En 1836 sufrió de viruelas y quedó con el rostro marcado. A los siete años fue a la escuela, una humilde casa de aldea, de una sola planta, pobremente administrada y sostenida.3 En 1843, cuando tenía once años, su hermano fue arrestado, encarcelado y desterrado por enfrentarse políticamente a la dictadura de Juan José Flores. Según el escritor Galo René Pérez, el destierro de su hermano le "dejó una lesión moral de la que no se recuperó jamás", llevándolo a odiar a las dictaduras.4
En 1845, su hermano regresó de su destierro en Perú, y lo llevó consigo a Quito a continuar sus estudios. Sus dos hermanos mayores, Francisco y Francisco Javier, le orientaban e influenciaban en su gusto por las letras, aparte de haberle creado, cada uno con su prestigio, un ambiente favorable en el mundo de sus estudios.5 Entre 1846 y 1848 empezó a estudiar gramática latina en el colegio San Fernando. Posteriormente estudió filosofía en el seminario San Luis, donde recibió el grado de maestro,6 y después ingresó a la Universidad de Quito para estudiar Derecho, no porque quisiera ser abogado, sino porque entre las profesiones de entonces (medicina, leyes y teología) ésta le era la menos desagradable.7
En Quito se hizo amigo del poeta y político liberal Julio Zaldumbide, con quien se reunía de continuo. En su casa a veces asistían practicantes de letras, destinados a convertirse en conocidos escritores: Agustín Yerovi, José Modesto Espinosa y Miguel Riofrío. Juntos comentaban a los grandes autores románticos europeos. En 1853 el presidente Urbina decretó la libertad de estudios en colegios y universidades. Por las nuevas regulaciones, Montalvo se vio privado de su cargo de secretario en el colegio San Fernando y además fue impulsado a abandonar su carrera de Derecho tras haber aprobado solamente el segundo curso. Así, decidió volver a Ambato.
En el ambiente melancólico de su casa (sus padres y su hermano mayor para entonces habían fallecido)8 se concentró en el enriquecimiento de su formación de autodidacta, acostumbrado a tomar notas de sus lecturas en cuadernos que se conservan.9 Estudiaba gramática española y tratados de carácter idiomático. Profesando un respeto consciente a Capmany y Clemencín, estaba convencido de que era necesario fundar las originalidades estilísticas en la posesión de una forma correcta autorizada por los clásicos y los estudiosos más notables de la lengua.


Política

Montalvo era un idealista y le desagradaba la realidad política del Ecuador. Fiaba de la moral y de los principios como base del funcionamiento de la nación, y le preocupaba mucho destacar la importancia de las dotes morales de los políticos, cuando en realidad tanto los conservadores como los liberales tenían defectos. Por eso el profesor Louis Arquier afirmó que “Cada vez que habla de política el articulista se enfrenta con una contradicción, el tema le atrae y le repele a la vez”.58
Montalvo era muy respetuoso de las leyes, pero le molestaba el hecho de que algunas fueran injustas. En El Cosmopolita atacaba a los legisladores que creaban o derogaban leyes a su conveniencia:
Un diputado tiene las mercaderías en camino para la aduana, proyecto de ley rebajando los derechos anexos a esas mercaderías. A la nación le importa esa rebaja. Otro diputado es dueño de una fábrica en que se elabora cierto artículo, proyecto de ley reduciendo la pensión impuesta a ese artículo. A la República le importa por entonces aquella reducción.59
También despreciaba la tiranía, a la que se refería, entre otras formas, como "el abuso triunfante, soberbio, inquebrantable"60 En su opinión, para que haya tiranía necesariamente debía haber un pueblo dispuesto a soportarla, ya sea por timidez o apatía; así, el pueblo era tan culpable del establecimiento de una tiranía como el mismo tirano. Su posición liberal le llevó a oponerse a cualquier régimen que no haya sido elegido por sufragio, aunque llegó a oponerse al voto popular si el país no gozaba de sus libertades.61
Respecto a los derechos de las personas, defendió en varias ocasiones los derechos de la mujer. También defendió los derechos de los indígenas y los negros, más por su idea de igualdad de todos los hombres ante Dios que por simpatía hacia ellos, pues probablemente tenía prejuicios raciales.62 Consciente de la gran responsabilidad que pesaba sobre los intelectuales con respecto de los problemas sociales de los indígenas, afirma: No, nosotros no hemos hecho este ser humillado, estropeado moralmente, abandonado de Dios y la suerte; los españoles nos lo dejaron, como es y como será por los siglos de los siglos.63
Montalvo en pocas ocasiones se refería a los militares. Pensaba que la historia y la guerra son inseparables y se limitaba a discernir entre guerras justas e injustas. Asimismo, como hombre de su época no permanecía insensible ante el aspecto heroico de las luchas y la grandeza que hay en despreciar la propia vida en aras de un ideal.

Libro: La tregua

La novela se desarrolla en la ciudad uruguaya de Montevideo, de febrero de 1958 a febrero de 1959. Martín Santomé es un viudo de 49 años que está a punto de jubilarse. La relación con sus 3 hijos ya mayores, Blanca, Jaime y Esteban, no es muy buena, a causa de su obsesión por el trabajo. Martín comienza un romance con Laura Avellaneda, una joven de 24 años que entra a trabajar en la empresa para la cual trabaja Martín. Poco a poco, la relación entre ellos va aumentando hasta que viven juntos en un apartamento que Martín alquila exclusivamente para sus encuentros, que como deja ver el protagonista en su propio diario son algo más que sexuales, ya que se establece una relación de amor entre ellos. Luego de un tiempo Santomé decide proponerle matrimonio a Laura, pero sus intenciones se ven truncadas debido a la repentina ausencia de ella en la oficina: ha caído enferma a causa de una gripe. En este punto de la historia las anotaciones en el diario de Martín se vuelven confusas y esporádicas. Finalmente nos enteramos de que Laura ha muerto, motivo por el cual las anotaciones en el diario no eran tan constantes como antes. A continuación Martín explica su vida después de Laura, cuando vuelve a la monotonía de su trabajo y recuerda un amor desconocido para todos. La última reflexión del personaje antes de finalizar la historia es que su vida estaba destinada a la monotonía y la soledad, que Dios le destinó esa patética existencia aunque antes de morir le dio una tregua con Laura para sentirse vivo por un momento, pero que tarde o temprano volvería a su rutina, a su verdadera vida.

Libro: Erase una vez el amor pero tuve que matarlo


Esta novela es articulada en una mezcla de las historias de Sid Vicious y Nancy, Kurt Cobain, Courtney y Rep (el protagonista) con cierta chica(a quien no se le conoce el nombre). Rep al comienzo del libro se hace una descripción y durante la narración cuenta sus reflexiones, la forma en que piensa, el punto de vista y lo que siente por cierta chica a la cual perdió haciendo algunos relatos obscenos.  Efraím Medina Reyes quiere narrar la historia de Rep como un persona descomplicada e indignada al haber perdido a cierta chica,  contando historias de Sid vicious con Nancy Spungen donde el amor llega a un límite de locura y desenfreno que en ocasiones se vuelve repulsivo, es un amor que no quiere ser feliz sino que encuentra placer en el dolor del otro. Efraím Medina atrapa al lector con una prosa agresiva, concreta, rabiosa y en algunos casos algo incoherente, pues en el recurso de mezclar las historias de los personajes ya nombrados el relato se centra en la intención por parte del autor de hacer una suerte de defensa generalizada, donde lo improbable será parte de una serie de códigos que el autor intentará activar a partir de sus propias aventuras y desventuras.
                                                                                     
Por un lado, y como se decía anteriormente, existe en este texto un afán por representar a través de estas parejas, un tipo de relación sentimental que Efraím Medina Reyes describe en su prosa. Se pueden imaginar las piezas de moteles, las diferentes situaciones que describe Rep , presenciar la violencia que existe entre estas parejas y casi alucinar con los personajes y su incursión en las drogas. Sin embargo, lo que tal vez desea ser representado con mayor fuerza es el romance en su destrucción; el amor en su tragedia. El tipo de amor destructivo que necesita víctimas y suicidios. Y por eso, las reflexiones sobre el amor perdido de Rep tomarán como referente la muerte de Kurt (suicidio), Nancy (quien es asesinada por Sid) y Sid (suicidio), proponiendo con esto a la muerte como canción triunfal de una generación que creció escuchando música e imaginando la vida como una historieta de comic.

Por otro lado, a pesar de que esta novela intente presentar al amor (o su imposibilidad) como nudo central de las historias, y de las reflexiones que de este se despliegan, El autor y su prosa caen (sin tal vez desearlo) en el lugar común de convertir un buen montaje en. Quizás el efecto de no profundizar en ninguna de las historias y al homenajear constantemente a las figuras en cuestión hace de la música de las bandas.
Los narradores de Medina Reyes son adultos que escriben como adolescentes, limitando la novela y sus posibilidades, pero también recreando el espacio de un submundo al cual no es fácil acceder si no se entiende el referente. Como organismo, el relato constituye un caos porque el narrador altera tiempos e incluso lugares, mezcla el desarrollo de la novela con una serie de proyectos de guiones cinematográficos, con imaginación, alterando los puntos de vista. A pesar de esto la novela entretiene, pues este autor se caracteriza por su narración dinámica, por generar buenas historias y excelentes reflexiones a partir de las temáticas ya vistas, hay momentos del libro en los que no se sabe en que parte va, pero cuando se continua leyendo poco a poco se va entendiendo, además el autor no toma un orden adecuado para este por eso mismo es cuestión de saber interpretarlo porque digamos en el capitulo 3 “La muerte de Socrates” es una película aparte del libro.
Este libro es un poco difícil de entender ya que no tiene un orden claro, pero me pareció un libro bueno aunque al final no tiene ninguna conclusión   lo que más se aprecia es la honestidad con la que el tributo narra la novela, pues no pretende ser más que lo que dice. Y si bien, se separa del canon por sus temáticas y estética, se ve la originalidad y autonomía efectuada en este texto, alguna de las fallas es que deja algunos temas inconclusos y que el lector se queda esperando la continuidad del tema en algún momento del libro, para el lector recomiendo leer el libro dos veces para así aclarar cualquier duda yo lo hice y lo entendí mejor en la segunda leída.